30 mayo, 2006

Nada es sin razón

Nihil est sine ratione dice la proposición del fundamento de Martín Heidegger. En sentido negativo "nada ocurre sin fundamento", en sentido positivo "todo posee un fundamento". En principio esto parece estar claro para todos nosotros, incluso y principalmente desde una lectura metafísica se ha comprendido que el fundamento de todo aquello posible tiene su equivalente en su razón de ser.
Sin embargo, (y esto es un ejemplo), en tribunales, en una entrevista de trabajo, en una exposición, en clases, etc., se nos pide que demos razones de nuestros actos, de nuestra vida o de nuestros conocimientos. No se nos pide que contemos por qué motivaciones, con qué criterios o con qué sentido hacemos lo que hacemos, pensamos lo que pensamos y sabemos lo que sabemos. Se nos piden las razones, pero no cualquier tipo de razones... ¿podemos entonces hablar de que estamos dando plenamente las razones de ser de nuestro ser, actuar, sentir, pensar, vivir?. Las razones que se aceptan son sólo las racionales, las que ofrecen una coherencia lógica... aquella información que es competente en algún respecto. O acaso no ha escuchado: ¡¡No me interesa si lo que lo motivó para hacer tal cosa fue un impulso, una emoción o un sentimiento; lo que importa es si existieron razones para ello!!.
Llega hasta tal punto la enajenación del hombre con respecto a sí mismo que ha elaborado a lo largo de toda la historia sistemas constitucionales y jurídicos cimentados en una supuesta razón universal que no tiene en cuenta a las verdaderas razones universales. Las personas tienen certeza del amor hacia sus familiares, saben que sus sentimientos, creencias y convicciones poseen realidad efectiva. Nadie más que ellos (es decir, todos nosotros), poseemos este tipo de saber práctico, incluso desde mucho antes de adquirir en la escuela un pensamiento lógico (en el sentido de la lógica clásica).
Creer, sentir, experimentar son realidades... son cosas que existen, que duda cabe. Pero no son sólo eso, son ni más ni menos aquellas realidades que otorgan el sentido, la orientación y el fundamento a toda existencia. Poseen a su vez un lenguaje, una lógica y un saber que lo capta... el problema: no es posible conocerlos por un saber canónico pues el lenguaje que existe no es capaz de captar estas realidades. De ahí que haya poetas, pintores, músicos y tantos otros... incomprendidos de la vida.
Nihil est sine ratione, claro que sí. Pero se nos han olvidado las razones que no son racionales y que en muchas ocasiones, sino en todas, son las que verdaderamente dan razón de ser a la vida humana.

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