Música con la que el genio nietzscheano trataba de escribir lo inescribible
31 mayo, 2006
30 mayo, 2006
Nada es sin razón
Nihil est sine ratione dice la proposición del fundamento de Martín Heidegger. En sentido negativo "nada ocurre sin fundamento", en sentido positivo "todo posee un fundamento". En principio esto parece estar claro para todos nosotros, incluso y principalmente desde una lectura metafísica se ha comprendido que el fundamento de todo aquello posible tiene su equivalente en su razón de ser.Sin embargo, (y esto es un ejemplo), en tribunales, en una entrevista de trabajo, en una exposición, en clases, etc., se nos pide que demos razones de nuestros actos, de nuestra vida o de nuestros conocimientos. No se nos pide que contemos por qué motivaciones, con qué criterios o con qué sentido hacemos lo que hacemos, pensamos lo que pensamos y sabemos lo que sabemos. Se nos piden las razones, pero no cualquier tipo de razones... ¿podemos entonces hablar de que estamos dando plenamente las razones de ser de nuestro ser, actuar, sentir, pensar, vivir?. Las razones que se aceptan son sólo las racionales, las que ofrecen una coherencia lógica... aquella información que es competente en algún respecto. O acaso no ha escuchado: ¡¡No me interesa si lo que lo motivó para hacer tal cosa fue un impulso, una emoción o un sentimiento; lo que importa es si existieron razones para ello!!.
Llega hasta tal punto la enajenación del hombre con respecto a sí mismo que ha elaborado a lo largo de toda la historia sistemas constitucionales y jurídicos cimentados en una supuesta razón universal que no tiene en cuenta a las verdaderas razones universales. Las personas tienen certeza del amor hacia sus familiares, saben que sus sentimientos, creencias y convicciones poseen realidad efectiva. Nadie más que ellos (es decir, todos nosotros), poseemos este tipo de saber práctico, incluso desde mucho antes de adquirir en la escuela un pensamiento lógico (en el sentido de la lógica clásica).
Creer, sentir, experimentar son realidades... son cosas que existen, que duda cabe. Pero no son sólo eso, son ni más ni menos aquellas realidades que otorgan el sentido, la orientación y el fundamento a toda existencia. Poseen a su vez un lenguaje, una lógica y un saber que lo capta... el problema: no es posible conocerlos por un saber canónico pues el lenguaje que existe no es capaz de captar estas realidades. De ahí que haya poetas, pintores, músicos y tantos otros... incomprendidos de la vida.
Nihil est sine ratione, claro que sí. Pero se nos han olvidado las razones que no son racionales y que en muchas ocasiones, sino en todas, son las que verdaderamente dan razón de ser a la vida humana.
26 mayo, 2006
Bien lo dijo Ortega y Gasset
Todo decir es deficiente, dice siempre menos de lo que se pretende y todo decir es también exuberante, dice más de lo que se quisiera. Con estos dos postulados comienza Ortega su Axiomática para una nueva Filología. El mejor ejemplo para comprobar esto es remitirse a la propia experiencia, a aquellos lugares en que el lenguaje nos ha traicionado, nos ha delatado o simplemente ha puesto palabras de más en nuestra boca. Pareciera entonces que Ortega no pudo ser más afortunado para explicar en algo el origen de los malos entendidos, de las malas interpretaciones y de la impotencia de "no ser comprendido". Ver que la experiencia reconoce verdad en esto del lenguaje que nos queda a veces corto y a veces largo no es muy ardua tarea... pero, ¿no se tratará de que nos han reducido y convencido de que el verdadero decir, es únicamente un decir coherente, lógico y formal?, ¿no será que nuestra vida carece en su mayoría de esta coherencia formal y predecible y es desde allí de donde sentimos que el lenguaje nos traiciona?, ¿no será, por último, que la espontaneidad y ambigüedad de la experiencia es muy superior a la conceptualización, mediante la cual suponemos debe expresarse todo lenguaje ajustado a la realidad?.Por otra parte, la idea, el verdadero aspecto del decir rígido, posee una figura muy sensual y atractiva, y se nos ha presentado como la correlación perfecta entre lo vivido y lo dicho de lo vivido. Sin embargo, mientras lo primero ocurre en el tiempo, en la carne, la idea se perpetúa en el destiempo, des-arraigada de su origen, volando por las alturas en que vive todo lo que ya fue dicho.
Una idea nunca se da de forma espontánea... se está forjando constantemente en silencio... e incluso si pudiera haber alguna idea-destello, no sería posible de comunicar (único modo de saber que existe tal idea) sin elaboración y construción posterior, es decir, utilización del lenguaje (oral, escrito o como fuere), construcción que requiere formalidad, coherencia y estructura.
Pues bien, hacia donde voy... hacia el supuesto de que las ideas experimentan en su propia construcción la imposibilidad de reflejar transparentemente aquello que le da sentido y vida a la idea misma, pues ésto no posee, en su origen al menos, ni el orden ni la lógica que la idea requiere para ser reconocida universalmente.
El origen de la idea no es otra cosa que la imposibilidad de la idea.
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